
Diego Rodríguez Toribio
Creador de Edutalentia
Licenciado en Filología Hispánica
Activista Social y Educativo
PARTE II: Equidad educativa, la asignatura pendiente con el colectivo con Altas Capacidades Intelectuales.
Una vez que hemos llegado aquí y hemos comprobado que existen unos ciertos errores en el sistema para con estos niños y niñas, es de recibo abordar un tema imprescindible: la equidad educativa, que si bien parece destinada a otro tipo de actuaciones relacionadas con la búsqueda de la igualdad de oportunidades por motivos como la capacidad económica familiar, la raza, el sexo, el género, la religión, etc; también se prevé que a través de ella se puedan abordar los casos en que se necesitan apoyos educativos para cubrir las necesidades, como es el caso que nos ocupa, tal y como lo deja bien claro la propia UNESCO en su web: (https://learningportal.iiep.unesco.org/es/glossary/equidad):
La descripción que propone en el ámbito educativo sería:

Equidad: El grado de justicia e imparcialidad del acceso a la educación y las posibilidades de educación ofrecidas a los niños y los adultos. Lograr la equidad supone reducir las disparidades basadas en el sexo, la pobreza, el lugar de residencia, la pertenencia étnica, la lengua y otras características. UNESCO. 2008. Educación para Todos en 2015 ¿Alcanzaremos la meta? Informe de seguimiento de la EPT en el mundo 2008
Dentro de esas “otras características” podríamos incluir también las características personales que, en el caso de este alumnado, tiene que ver con las que hacen que estén incluidos dentro del colectivo con necesidades específicas de apoyo educativo, llámese administrativamente como quiera llamarse, lo cual se muestra en esta misma página web al especificarse un ejemplo:
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, centrada en que nadie se quede atrás, brinda una oportunidad única para crear sociedades más inclusivas y equitativas. Esto debería comenzar por sistemas de educación inclusiva. […] Para lograr este ambicioso objetivo, los países deberían garantizar la inclusión y la equidad en los programas y sistemas educativos. Esto incluye tomar medidas para prevenir y abordar todas las formas de exclusión y marginación, disparidad, vulnerabilidad y desigualdad en el acceso, participación y finalización de la educación, así como en los procesos y los resultados de aprendizaje. También requiere considerar la diversidad entre los estudiantes como una oportunidad para mejorar y democratizar el aprendizaje para todos los estudiantes (UNESCO, 2017:3). UNESCO. 2017. Guía para asegurar la inclusión y la equidad en la educación
¿Y acaso las medidas que se toman con el alumnado con altas capacidades intelectuales no van encaminadas, o debieran ir encaminadas, a mejorar esos procesos y resultados de aprendizaje, tal y como se recoge por este organismo?
La respuesta parece evidente, pero no solo me acogeré a estas consideraciones de la UNESCO, sino que para hablar de equidad en el sentido que pretendo demostrar, acudiré a la definición del Diccionario de la Real Academia, que en su quinta acepción sería:
5. f. Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece
Que establece algo que, en educación, debiera ser una norma de obligado cumplimiento, que cada uno reciba según sus merecimientos, y eso solo es posible si se establecen los medios y las metodologías adecuadas para sacar lo mejor de cada uno, aportando lo mejor del sistema para cada persona como es de justicia en el sentido que Aristóteles ya apuntó:
“Justicia es tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales”
La siguiente viñeta serviría para aclararle las ideas a más de uno por lo definitivo de su mensaje, que deja en clara evidencia que muchas de las actuaciones que se llevan a cabo en la realidad de nuestros centros educativos no es la más adecuada. Juzguen ustedes mismos:

Sirva esta imagen para introducir algo que creo que está perjudicando demasiado a muchos jóvenes a nivel educativo, la confusión existente entre buscar la igualdad entre todo el alumnado y la de igualar a todos en los métodos utilizados para lograrlo, pues si bien la primera busca la equidad, la otra pretende la normalización como horizonte en la educación, y evidentemente no es lo mismo un cocodrilo que una jirafa.
A muchos no nos es desconocida esa sensación que tienen muchos niños y niñas de ir con el freno de mano echado cada vez que cruzan las puertas del centro educativo que les ha tocado, y tampoco nos resulta ajeno ver como ese sentimiento desaparece cuando salen y se les permite avanzar a su ritmo cuando pisan la calle y dejan de tener normas como grilletes a su potencial, lo cual me lleva a la siguiente reflexión:
¿Es normal que se pueda culpar a progenitores de enseñar a sus hijos e hijas cuando así se lo demandan en casa?
Esto es algo que me plantean con bastante asiduidad padres y madres que se sienten culpables porque les han inculcado que hacen algo mal al hacerlo, y yo siempre les planteo la siguiente pregunta: ¿En qué ley se prohibe que enseñes a tu hijo? Es evidente que esta es otra evidencia más de que algo está fallando en el sistema. Querer que todos los alumnos o alumnas vayan al mismo ritmo y aprendan lo mismo en el mismo momento es algo contrario a toda lógica pero que a veces se convierte en la lógica educativa de una parte del profesorado que insiste en que se estudia eso porque toca. Un aula no es una calle por la que circular bajo la premisa de una velocidad límite, porque en realidad el límite debiera ser la capacidad de cada uno para alcanzar su máximo crecimiento, y eso solo es posible si la calle se convierte en un circuito seguro y sin límites preestablecidos en los que cada uno, sin competir, pudiera ir a la velocidad que quisiera, explorando sus límites con la ayuda imprescindible de un mentor, porque al final, la vida es eso, sacar lo mejor de uno mismo para crecer.
(Continuará)
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