Las Altas Capacidades Intelectuales en la vida adulta (I)

José Luis Sánchez Piñero
Creador del blog Incansable Aspersor
Creador de REDACI (unica red de personas adultas superdotadas)


Hace unos días Diego me propuso escribir sobre las altas capacidades intelectuales (AACC) en la edad adulta. La respuesta fue inmediata: “vale, de qué quieres que hable”. Era importante este matiz porque se pueden contar muchas cosas y la idea no es realizar un texto extensísimo que cubra todos los aspectos: “por ejemplo, de las consecuencias de la desatención educativa en la edad adulta”. En ese momento pensé en mis vivencias y me sentí incómodo. Aunque parezca un poco raro en alguien que lleva años escribiendo sobre las altas capacidades en distintos foros y en el blog personal, llevo bastante mal hablar de mí mismo. Simple y llanamente porque lo que tengo, lo que hago y lo que digo solo me afecta a mí, no es trasladable a nadie más. Es difícil coger perspectiva, hablar con cierto desapego y objetividad de una realidad compleja en la que los casos personales son gotas de un inmenso océano de diversidad. 

A todo lo anterior se suma el estado general de confusión existente en el mundillo de las AACC debido al ruido conceptual, emocional y de intereses enfrentados que reina actualmente. Encontrar información clara, precisa, transparente, honesta, sin excesivos sesgos y desinteresada es casi un milagro.

No olvidemos tampoco que el nivel de identificación formal (con pruebas psicométricas al uso) de personas con AACC es extremadamente bajo. Cualquier información que transmitas se debe de exponer con muchísima precaución porque es muy fácil caer en la tentación de extender patrones a toda la población basados en muestras muy pequeñas o fuertemente sesgadas. Precaución que, cuando se olvida, ayuda sin pretenderlo a anclar mitos y estereotipos que distorsionan gravemente la imagen realista del fenómeno. En los últimos años, de hecho, se está perdiendo la cautela de forma irresponsable, creando un caldo de cultivo difícil de digerir.

Una vez establecidas las bases de cautela necesarias avanzaré un poco sobre el motivo que me llevó a escribir este texto. 

Parece obvio señalar que cualquier persona que no es atendida en su etapa escolar, o no es atendida en general, se verá afectada negativamente en su desarrollo, no solo académico sino también personal. Entonces surge la duda, ¿para qué hablar de lo que ocurre en concreto con el colectivo con altas capacidades intelectuales?

Muy sencillo, porque contrariamente a lo que se piensa socialmente, las personas que poseemos este tipo de habilidad cognitiva necesitamos apoyo, comprensión y atención adaptadas a nuestras peculiaridades. No somos seres extraterrenales que vamos solos por la vida y que lo aprendemos todo, lo sabemos todo y solucionamos todo sin apenas esfuerzo. No aprendemos por ciencia infusa ni se nos caen los datos de la cabeza a la boca cuando alguien nos pregunta, como más de una vez tienes que escuchar: “si eres tan listo, ¿por qué no sabes la respuesta?”, “si es tan inteligente, ¿por qué no sabe atarse los cordones?” y perlas de similar corte. De algún modo extraño, buena parte de la sociedad se piensa que las AACC son una especie de diosa de la sabiduría prácticamente omnisciente y omnipotente. 

Por fortuna, estas ideas deslavazadas no han impedido avanzar en el conocimiento de esta realidad ni en el reconocimiento de un derecho a una atención educativa específica, más allá de otro tipo de atenciones de índole personal que no se le puede exigir al sistema educativo porque no da más de sí. Derecho que se conculca sistemáticamente sin apenas consecuencias. 

Por todo lo anterior, es importante hablar de lo que ocurre cuando se desatiende una necesidad reconocida por ley. 

Y de paso, de lo que ocurre más allá de ese periodo de escolaridad obligatoria, porque esa persona crece, sigue estudiando o se pone a trabajar, construye una familia o vive sola y, contrariamente a lo que se cree, las capacidades intelectuales no se le caen con la edad como el pelo. Acompañan toda la vida, se hayan desarrollado o estén en modo latente. Aunque en este caso ya sabemos que no hay ningún interés social ni científico porque hablamos de personas responsables de sus vidas que se tienen que buscar las habichuelas por sí mismas.

En mi experiencia personal, he pasado de luchar durante casi una década en el ámbito asociativo familiar por los derechos de los niños y las niñas con AACC en España en diversas entidades representativas a centrarme en la aún más olvidada realidad de los adultos con AACC a través de esta iniciativa.

REDACI. Red de adultos con altas capacidades intelectuales

info@redaci.es

El 26 de noviembre de 2020 me embarqué en un bonito proyecto colectivo de futuro incierto, crear una red de adultos con AACC que permitiera generar contactos con otras personas con similares inquietudes, darse apoyo mutuo y crear las sinergias necesarias para, con el tiempo, convertirse en un proyecto de mayor calado social. Hacía muchos años que había tenido contactos con adultos y tenía más o menos una idea clara de la realidad, pero gracias a esta red se han ido asentando varias ideas clave que quiero plasmar en este texto.

La primera y más importante es la de la heterogeneidad. Cada adulto con AACC es, con palabras llanas, de su padre y de su madre. No hay dos iguales. No existe esa distorsión de la realidad denominada “perfil de altas capacidades”. Es un mito. Cualquiera que se relacione frecuentemente con adultos con AACC lo detecta rápidamente. A partir de esta premisa, se hace aún más complicado “hablar sobre la adultez en las altas capacidades intelectuales”, ya que todo lo que digas se puede tomar como lo que no es: una descripción fidedigna de toda una población. Por eso me gusta advertirlo hasta la saciedad en cualquier texto que hago sobre esta compleja realidad. Se está generando una peligrosa corriente simplificadora que atribuye alegremente muchas características a esta población. Las más llamativas, por disparatadas, son las de poseer una exacerbada sensitividad motora (hiperexcitabilidad psicomotora), llegando a la demencial conclusión de que si no te molestan sobremanera las etiquetas “no puedes ser AACC”. También es de nota hablar de la exagerada empatía, cuando cualquiera que haya leído algo conoce casos elocuentes de asesinos en serie o de psicópatas con una elevadísima capacidad intelectual. Se ve que para esta corriente estas personas “no pueden ser AACC”. Y así con muchísimas características no intelectivas. Incluso con patrones de conducta que pueden atribuirse a cualquier persona. Resulta muy complicado luchar contra esta corriente distorsionadora de la realidad, ya que genera efectos perniciosos en forma de adhesiones inquebrantables a este discurso, impermeables a cualquier evidencia en contra o al mero sentido común. En algunos casos las descripciones son tan dulces que cuando las lees o escuchas te imaginas a esas personas andando o levitando sobre las aguas.

Esa heterogeneidad no solo se da en los perfiles cognitivos de sus miembros, aproximadamente un centenar desde que nació hasta el día de hoy, sino también, y fundamentalmente, en los elementos no intelectivos. Por ejemplo, en los factores de personalidad, en las soft skills… Y, cómo no, en las circunstancias vitales de cada uno. Todo es de una riqueza y complejidad que reducirlo a patrones comunes es un peligroso ejercicio de simplificación que solo ayuda a consolar a algunos y a confundir a la mayoría. Toda información que encuentres escrita donde se hable de “cómo son los superdotados” implica una sucesión de estereotipos que algunos tratamos por todos los medios de erradicar en la medida de nuestras modestas posibilidades. 

La segunda idea clave, derivada de la primera, es la complejidad cognitiva. Cuando te adentras en una conversación entre adultos con altas capacidades, la extensión y profundidad que pueden alcanzar determinados temas abstractos te permite percibir con mucha claridad esa red matricial de relaciones que se establecen en nuestras mentes, enlazando unos temas con otros, una información cercana con una lejana, tejiendo nuevas asociaciones y patrones, descubriendo visiones complementarias o diametralmente opuestas a las tuyas sobre el mismo asunto, etc. 

Si se logra un buen ambiente, libre de egos inflados o de egos inflamados, el espectáculo es digno de verse. Se aprende mucho de otras personas con esa complejidad cognitiva simplemente viéndolas charlar, tanto de temas abstractos como de temas concretos (fútbol, religión, política, etc). No se conforman con una información enlatada, sencilla o indiscutible. Se discute hasta el mínimo detalle, las veces que haga falta, y lo que menos prima es el consenso. No es necesario tampoco. Se puede discrepar sin caer en las facilonas redes del insulto o de las falacias ad-hominen que tanto proliferan en los discursos políticos o de tertulianos que sufrimos día sí y día también. 

Todo esto, insisto, se comprueba cuando el ambiente es de confianza, de ausencia de juicio o de prejuicios que limiten la libertad de expresión de esa complejidad. Si el ambiente está enrarecido, o plagado de sospechas, simplemente no se puede observar nada. Se reservan estas explosiones para evitar dañar o ser dañados, en un ambiente social donde la susceptibilidad va en aumento y todo puede convertirse fácilmente en agravio comparativo.

(Continuará)

5 comentarios

  1. Que buen artículo!! Desmontar mitos sobre las Altas Capacidades es urgente. Para empezar, en mi opinión la denominación de por si es incorrecta y sería mejor denominarlo algo así como «Psiquisimo hiperfuncional» o «Hiperfuncionalidad innata». Quizás así se entendía un poco mejor. Que cada uno somos de una manera totalmente diferente al de al lado y que, realmente, no existe un perfil. Existen similitudes en cómo percibimos las cosas, en la forma de vivirlas, de entender, de conversar, pero no por ello nos parecemos. Lo del buenismo también me ha encantado, parece que con un buen puñado de personas con AACC el mundo sería mejor y se acabarían las guerras y el hambre en el mundo. Y no, claro que no es así. Las hay con la empatía de una patata como mi hija, empanada como si estuviera en marte todo el día y poniendo verde a todo el mundo que si la oyeran sus profesores alucinaban. Es más, el hecho de presentar a los niños con AACC como seres de luz me ha hecho dudar durante muchísimo tiempo sobre mi hija, que no es ni remotamante una santa ni tiene ningunas ganas de salvar a la humanidad ni siente ninguna pena por las guerras y se cagó en todo porque Ucrania ganó Eurovisión y decía barbaridades como «Esos de Ucrania están haciendo trampas, ¿no deberían estar en la guerra?». Y claro, cuando lees descripciones como que ya se les nota la empatía y la bondad desde críos, porque «sufren» por lo demás yo pienso en mi hija y claro, ni de coña. En fin, podría seguir con mil cosas más….
    En resumen, un artículo muy necesario.

  2. Gracias por darme la ocasión de poder contar algunas cosas sobre los adultos con altas capacidades que parecen estar en las antípodas de la corriente actual que invade todas las rrss de modo, me temo, irremediable. Es complicado que este discurso realista, alejado del buenismo imperante y de tantos y tantos estereotipos positivos que se está imponiendo a fuerza de repetirse y encontrar receptores ávidos de que les digan lo que quieren oír y no la cruda realidad deje espacio a otras cosas, pero iniciativas valientes como esta son aún más necesarias ahora.

  3. Mucho éxito estimado Diego, es un proyecto necesario, sí complejo pero con seguridad, por tu talento y el de tu equipo, será un éxito y contribuirá a mejorar las vidas de muchas personas adultas.

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