
Sandra Medina
Adulta con altas capacidades, descubierta a los 27 años
Pedagoga, emprendiendo en www.haciendopedagogia.com
¿EXISTEN CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LAS ALTAS CAPACIDADES?
Cuando me propusieron escribir un artículo para esta web, me dieron total libertad de temática pero me propusieron un tema concreto que es el que justamente vamos a tratar: características de las altas capacidades pero, en sus palabras, “alejado de una simple lista”.
Y este último matiz me gustó mucho.
Por eso, antes de comenzar a hablar de las “características” de las altas capacidades, para mi es importante expresar lo siguiente:
- La clasificación de “alta capacidad intelectual” ha sido, como etiqueta, inventada por el ser humano para explicar un conjunto de habilidades cognitivas superiores a la media y cuya identificación es necesaria para intervenir pedagógicamente en beneficio educativo del sujeto y, con ello, de la sociedad
- Personalmente, creo que generalizar es un error. Las características que puedan ser comunes son, en parte, consecuencia de unas vivencias similares, derivadas de un sistema educativo y un entorno social común
- Cada persona con altas capacidades es única, no por el hecho de tener altas capacidades sino por el hecho de, simplemente, ser personas
Hay una serie de características que pueden ser o no comunes en los individuos de alta capacidad, no como características innatas, sino como la consecuencia de unas habilidades cognitivas superiores y unas vivencias similares, debido a cómo el sistema educativo, cultural y social trata a estos individuos, cómo se entiende la inteligencia y, evidentemente, de una forma similar de razonar, de analizar, de procesar la información y, en definitiva, de aprender (en el sentido más amplio de la palabra aprendizaje y no solo en el sentido académico).
En este punto yo me pregunto ¿para qué nos sirve conocer las características del alumnado o de las personas adultas con altas capacidades? Sencillo:
Para poder identificarlas.
Por eso, a mi no me gusta hablar de características, sino que prefiero hablar de señales.
Señales que podemos ver, que son tangibles y que pueden indicarnos que detrás de una conducta, se encuentra un alumno o alumna de alta capacidad.
Hablaré, por tanto, de algunas señales que, como profesionales y familiares, podemos ver en niños y niñas y, por su parte, de aquellas señales que como adultos podemos evidenciar en nuestro presente y en nuestra historia pasada, especialmente en la historia escolar y daré algún que otro ejemplo de mi caso particular.
SEÑALES DE UNA POSIBLE ALTA CAPACIDAD INTELECTUAL EN LA INFANCIA

Aunque se haya dicho y se siga diciendo que la precocidad es algo aparte, que un alumno o alumna precoz “no tiene por qué ser de alta capacidad”, hay que ver la precocidad como lo que es: una señal de una posible excepcionalidad.
En mi caso particular, como en muchos otros, la negativa ante esta realidad resultó ser un error garrafal.
Si escuchas frases como “se le pasará”, “llegará un momento que será como los demás”, “es muy pequeño/a”. Huye. Porque, a no ser que esa persona vea el futuro, lo cierto es que no lo sabe con certeza.
Al igual que sucede con el gato de Schrödinger, que puede estar muerto o vivo, un caso de precocidad puede ser de altas capacidades o no. Por lo tanto, en mi humilde opinión, dado que la atención temprana existe, no entiendo la necesidad de dejar pasar la oportunidad de ofrecer a un alumno con posible alta capacidad la atención que necesita desde el principio.
Dicho esto, vamos con las señales de precocidad.
Cuando tenemos un bebé precoz, observamos una gran velocidad de aprendizaje: da la sensación de que se saltan etapas (en mi caso me salté el gateo y empecé a caminar muy pronto).
He tenido la suerte de ver vídeos de cuando era pequeña, y sucedía algo muy curioso, que espero sirva como ejemplo.

Cuando tenía 4 meses intentaba caminar sobre el cambiador. Mi madre me cogía de las axilas y yo movía las piernas como queriendo caminar.
Lo que sucedía era que, aunque mi cerebro estuviese preparado y conociese la técnica, mis músculos aún no estaban preparados para caminar (motricidad gruesa). Esto es lo que se llama disincronía.
Lo mismo me ocurría al intentar coger la cuchara y el plato a la hora de comer (motricidad fina): la intencionalidad estaba, pero mi cuerpo aún no estaba preparado.
También podemos notarlo en la mirada.
Desde el primer día la mirada es casi intencionada, como si el bebé quisiera echarse a hablar. También vemos cómo el bebé dirige la mirada hacia los estímulos auditivos a muy temprana edad, cómo gira la cabeza para dirigirse al sonido en cuestión y, en general, cómo capta los estímulos del entorno e interactúa con ellos (esto puede no suceder en casos de doble excepcionalidad autismo-alta capacidad).
Por otra parte, pueden empezar a hablar y a formar frases muy pronto.
Esto puede no darse en casos de doble excepcionalidad, especialmente si se trata de autismo, podemos no ver lenguaje hasta una edad mucho más avanzada (incluso hasta los 6 años). Sin embargo, que no hable no significa que no sepa hablar sino que no quiere hacerlo.
La sensación al comparar con otros bebés de su misma edad, es que están muy avanzados y se ve claramente la diferencia.
Según se va haciendo más mayor, la diferencia ya no es tan evidente, pero podemos seguir viendo como su forma de razonar, su forma de comunicarse (especialmente con los adultos) es muy avanzada en comparación con los niños y niñas de su edad.
Recordar, de nuevo, que la precocidad no se da en todos los casos de alta capacidad, pero es esencial tomarlo como una señal.

Aunque esta puede ser una señal de otras condiciones neuro divergentes (TDAH o autismo, por ejemplo) es, como digo, una señal más de una posible alta capacidad o de una doble excepcionalidad.
Sin embargo, en el caso de la alta capacidad puede, en parte, estar relacionado con la precocidad.
Podemos tener, como en mi caso, un bebé que literalmente no se está quieto ni un solo momento, con un nivel de actividad muy elevado que requiere de una atención constante. La sensación de la familia es que “no se le puede quitar el ojo de encima”.
Cuando era bebé mi madre tenía que ir conmigo a todas partes: si me ponía dentro del carro tumbada lloraba porque me gustaba estar sentada para poder ver todo lo que había a mi alrededor y si me sentaban en el balancín, me impulsaba de tal forma que, si se descuidaban un segundo, estaba boca abajo y con un pie colgando. ¿Y el típico parque de bebé con paredes de rejillas donde se deja a los niños solos para que jueguen a su antojo y te dejen tranquilo un rato? También aprendí pronto a trepar por él.

Se puede apreciar cómo aprenden mucho más rápido que sus compañeros: comprenden todo a la primera, terminan las tareas mucho antes, rechazan la repetición y tienen necesidad de pasar a lo siguiente.
Lo que ocurre con esto es que, cuando el sistema no sacia esa sed de conocimiento, surge el aburrimiento y, con ello, el desafío a la autoridad “ya me lo sé”, “no quiero decirlo”, cuestionar los razonamientos del profesor cuando estos no son válidos (lo que se tacha, en ocasiones, como soberbia), llamar la atención en clase, moverse constantemente por el aula…
Aquí tengo una anécdota muy particular que tiene que ver con este punto y con el siguiente.
En una ocasión, la maestra nos mandó una tarea y dijo lo siguiente: “quien termine puede bajar al patio”. Típica frase de profesor que se utiliza como motivación extrínseca esperando que los alumnos se pongan a trabajar pero sabiendo que ninguno terminará a tiempo de salir al patio. Pues bien, yo terminé. Dejé mi tarea en la mesa, salí por la puerta y bajé al patio. Y, para mi asombro, me regañaron y me dijeron que no podía estar en el patio sola sin supervisión y me subieron de nuevo a clase. La profesora, que no se había percatado de que me había ido, también me regañó. A lo que yo, evidentemente, razoné que sí podía porque me lo habían dicho y yo había cumplido. Pero, ante la negativa, no cesé ni me rendí, sino que seguí insistiendo, porque sabía que yo tenía razón.
Tozuda me llamaban… ¿rigidez mental? es posible…
Lo que me lleva al siguiente punto.

Podemos ver a niños y niñas que a muy temprana edad razonan casi al nivel adulto pero, evidentemente, con los conocimientos de un niño. En el ejemplo anterior, yo tenía 4 años.
En ocasiones, cuestionan a los adultos pero, esto es importante, con argumentos válidos y sólidos. No es refunfuñar, no es enfadarse, es razonar y argumentar. Mientras que otros niños se callan ante los argumentos adultos y asienten o se enfadan, refunfuñan o lloran, estos niños se enfrentan desde el razonamiento más absoluto y con gran elocuencia (más que algunos adultos). Aunque, en ocasiones, pueden darse ambas cosas en lo que podríamos denominar como un estallido de intensidad emocional.
Es por este motivo que, en algunos casos, podemos ver niños y niñas que prefieren la compañía de adultos (no era mi caso), por esta necesidad de tener conversaciones que no pueden mantener con sus iguales por razones obvias.
Respecto al famoso sentido de la ética y la justicia del que se habla en las altas capacidades es importante matizar lo siguiente: lo que es justo para unos es injusto para otros.
Esto implica que no debemos romantizar esta característica y pensar que toda persona con alta capacidad es hiperempática, se preocupa por los animales y las personas, sufre con el dolor ajeno en todas sus formas y es bondadosa con los demás. No. El sentido de la ética y la justicia atiende a la razón y la razón de cada uno es muy particular. Pero, fundamentalmente, atiende a lo que es injusto “para mi” y a una capacidad de razonamiento superior.

El ejemplo bajando al patio es uno de ellos: para mi no era justo, porque yo había cumplido lo que me habían dicho y defendía mi causa.
Foto de Thirdman
Eso sí, por mucha capacidad de razonamiento que uno tenga y mucha razón crea que lleve, puede no tenerla y aquí quisiera resaltar otra posible señal que puede surgir en momentos como el que he mencionado: rigidez mental o inflexibilidad.Esto es, aunque no llevase razón, como en mi cabeza todo tiene sentido y mis argumentos son válidos voy a seguir insistiendo porque tengo las herramientas para hacerlo y no voy a ceder, tenga razón o no la tenga (porque para mí sí la tengo). Lo que nos puede llevar de nuevo a estallidos de intensidad emocional.
La intensidad emocional, bajo mi forma de verlo, atienden también a esta capacidad de razonamiento superior, dado que las emociones no se almacenan en el corazón (porque, asumámoslo, solo es un músculo) sino en el cerebro. Y esto puede ir unido, en ocasiones, a una alta sensibilidad.
Igual que razonan para lo demás, razonan con las emociones y, por ello, estas son más intensas: la capacidad de sentir es mayor porque entienden mejor el entorno, las cosas que suceden, son más conscientes de las injusticias…

Si hay interés en la tarea, ya puede pasar un avión al lado que no se va a enterar.
Es capaz de estar tan concentrado que no presta atención al entorno y puede que la abstracción llegue a tal punto que tengas que llamarle varias veces para que te haga caso, incluso que le moleste que le llames porque está muy concentrado e interesado en lo que está haciendo.
En casos de doble excepcionalidad, podemos ver que la capacidad de abstracción en autismo es mucho mayor y que, en ocasiones, las distracciones pueden ser un problema y pueden impedir que atienda a la tarea (lo que puede ocurrir en TDAH) y necesitan silencio y tranquilidad absolutas para concentrarse.
Sea cual sea su caso, si esto le sucede, te agradecerá que no le interrumpas en ese momento (y lo digo por experiencia propia).
Y ahora vamos al punto que es para mi el más importante.

Teniendo en cuenta los mitos a los que esta población está sujeta, puede que haya quien se lleve las manos a la cabeza si digo que las personas con altas capacidades tienen dificultades para estudiar o para concentrarse.
Y esto tiene que ver con muchos factores: el aburrimiento (del que ya hemos hablado), la falta de motivación o de interés, metodologías dirigidas (como el aprendizaje memorístico), falta de herramientas y estrategias no innatas, dificultades atencionales en casos de doble excepcionalidad.
Por otra parte, en ocasiones, se da un curioso fenómeno que tiene que ver con lo siguiente. Si una persona con altas capacidades pasa toda la etapa primaria sacando buenas notas o simplemente aprobando sin apenas esfuerzo, al pasar a la secundaria y aumentar el nivel de complejidad puede darse fracaso escolar. Dependiendo de la persona esto puede suceder en bachillerato o incluso ya en la universidad. Como nunca han necesitado planificación u organización ni herramientas demasiado complejas para estudiar, cuando llega el momento en que las necesitan pueden tener dificultades para gestionarlo.
Pero, principalmente, el problema es que el talento académico es uno de muchos y el rendimiento escolar no es directamente proporcional a la inteligencia y más teniendo en cuenta que en su mayor parte la metodología por excelencia es el aprendizaje memorístico y basado en la repetición, que no fomenta nada el razonamiento, el pensamiento crítico, la creatividad ni el autoaprendizaje que sí se fomentaría con metodologías educativas no dirigidas que favorecen el rendimiento del colectivo de alta capacidad.

Para mí, esta es la señal más alarmante y que hay que empezar a ver y atender adecuadamente porque, a largo plazo, hace mella en la autoestima y el autoconcepto de la persona.
Por no hablar de que, al ser un mecanismo de supervivencia con el fin de adaptarse al entorno, si no se detecta se sigue repitiendo en la vida adulta con las consecuencias que ello tiene en la salud mental.
Es algo más común en las niñas por esa necesidad de estar socialmente adaptadas, simplemente porque es lo que, como mujeres, la sociedad espera de ellas (aunque obviamente podemos ver algunos casos de niños que actúan de la misma manera).
Evidentemente, mi caso fue uno de estos. Y fue lo que me hizo descubrir mis altas capacidades: ocultaba mis capacidades. Hubo profesoras que directamente pensaron que era tonta o retrasadita (perdón por el término pero fue la palabra que se utilizó).
Entre las conductas de camuflaje que llevaba a cabo estaban las siguientes:
- En infantil hacía como que no sabía comer ni vestirme sola, porque yo era pequeñita y a las demás niñas les gustaba hacer como que era una muñeca así que fingía para encajar
- En primaria no tocaba la flauta en clase ni llevaba los deberes de música, a pesar de ensayar cada día en casa y tener el cuaderno impecable decía cosas como “se me ha olvidado la flauta en casa” para no tocar, “se me ha olvidado el cuaderno” o “no he hecho los deberes” para no tener que mostrarlo delante de los compañeros aunque sí los tuviese hechos
- A partir de secundaria, el camuflaje es más efectivo ya que solo tienes que evitar levantar la mano si preguntan (aunque sepas la respuesta) o decir “no sé” si te preguntan en alto… En tercero de secundaria empecé a bajar el nivel y a suspender
Esto como ejemplos muy concretos pero, el objetivo de ocultar las capacidades es, claramente, no destacar.
Quisiera añadir aquí algunas frases de profesores que se comentaron en mi caso y que yo, personalmente, veo como señales:

- Hace menos de lo que puede
- Podría tener mejores notas si se esfuerza
- Rinde por debajo de sus posibilidades
- Puede obtener mejores resultados
- Tiene aptitudes, pero podría mejorar si se lo propone
Pero, la que más me hizo plantearme que algo había ocurrido en mi historia como alumna fue la siguiente: “no necesita demostrar lo que sabe”. Una cosa es que no necesite demostrarlo y otra muy diferente es camuflar deliberadamente mis aptitudes esperando que no se noten mis habilidades o talentos.
Conclusión, si una niña (o niño) hace esto, no hay que pasarlo por alto porque, como he dicho, tiene consecuencias: no hay nada más dañino que negarse a una misma.
SEÑALES DE ALTAS CAPACIDADES EN PERSONAS ADULTAS
Por último, quisiera aprovechar la oportunidad para dirigirme a aquellas personas adultas, especialmente mujeres que, como yo, han pasado desapercibidas pero de una u otra forma han continuado desarrollando algunas habilidades pero siempre en silencio y desde el ocultismo y obviando algunos de sus talentos por no creerse lo suficientemente válidas. Para aquellas personas que, a pesar de su baja autoestima y de la sensación de fracaso absoluto, creen (muy en el fondo) que sí valen pero que “les pasa algo raro” y no saben qué es.
Si es tu caso y quieres conocer esas señales lo primero será repasar tu infancia y adolescencia y buscar estas señales de las que anteriormente he hablado.
Pero, además voy a enumerarte y explicarte qué sentimientos o sensaciones te pueden hacer sentir identificada como adulta,como consecuencia de toda una vida de frustración (de nuevo, no hablo de características que deba sentir todo adulto con altas capacidades ya que depende mucho de “cómo te haya tratado la vida”):
- Incomprensión y sensación de no encajar: te sientes diferente. Sensación de no encajar en el mundo: no encajaste en el sistema educativo ni encajas en el sistema laboral.
- Apatía, aburrimiento, tedio e incluso humor depresivo ante el “no cambio”. Llevar la vida que se supone que todo el mundo quiere llevar no es suficiente para tí, te aburre profundamente y te genera tristeza y desgana.
- Dificultades en el entorno laboral: necesidad de progreso y desarrollo profesional y frustración ante el “no avance”. Pensamientos recurrentes como: “puedo hacer más de lo que hago aquí”, sentimientos de apatía ante el trabajo (burnout o estrés crónico). Te aburres pronto y sientes la necesidad de cambiar de empleo constantemente cuando sientes que ya lo has aprendido todo. La idea de vivir siempre haciendo lo mismo en el mismo sitio te genera pavor.
- Dificultades en el ámbito académico: personas con mucha curiosidad y gran interés por el conocimiento pero que les resulta tremendamente tediosa la metodología académica por excelencia: el aprendizaje memorístico. Encuentran serias dificultades para ser “disciplinados” o “constantes” en esta área.
- Sensación de fracaso a pesar de, (en el fondo o no tan en el fondo), saber que eres inteligente.
- Sensación de fraude. Fruto del camuflaje y de la sobreadaptación. Son muchos años fingiendo ser una persona que no eres y eso tiene sus consecuencias en tu salud mental. Lo que comúnmente se denomina “síndrome de la impostora”.
- Baja autoestima y bajo autoconcepto. Te sabes inteligente pero, al mismo tiempo, un fracaso. Puede que sigas sintiendo vergüenza a mostrar tus capacidades y puede que te sigas ocultando (no participando en conversaciones, escondiendo tu talento…)
- Te cuestionas tu propia inteligencia ¿como voy a ser superdotada? si no soy tan buena, además soy un desastre, sacaba notas normales o incluso suspendía, soy incapaz de ser constante y dejo todo lo que empiezo… Quiero hacer muchas cosas pero no hago nada…
El sentimiento general que lleva a una persona adulta a plantearse sus altas capacidades tras toda una vida es la frustración y la sensación de fracaso a pesar de sentirse “inteligente”.
CONCLUSIÓN
A modo de conclusión creo que es necesario superar muchas barreras en lo que a los mitos de los superdotados se refiere. Si seguimos pensando que una persona de alta capacidad saca notas extraordinarias, es muy buena en matemáticas, toca 20 instrumentos y habla 37 idiomas, muchos alumnos pasarán la escolaridad sin haber sido identificados y muchas personas adultas vivirán una vida que no quieren vivir porque no son conscientes de hasta dónde pueden llegar.
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Muchas gracias por la información brindada, es de mucha utilidad. A mi hijo de 5 años le diagnosticaron altas capacidades y estoy buscando más información al respecto. Saludos
Esperamos que te haya servido. Gracias por el comentario
Simplemente maravilloso, una forma fácil y amena de explicarlo y además esclarecedora, me ha gustado mucho que en vez de características hables de señales. Sí yo hubiera tenido toda esta información y mucha más, mis hijos no habrían pasado por el infierno que han y están pasando.
La clave está en tratar de hacer cercana la información, y creo que Sandra lo ha conseguido. Por lo que apuntas, tienes una historia que contar, así que si te apetece, cuentas con una plataforma para hacerlo. Si te decides coméntanoslo a través del formulario de contacto https://edutalentia.org/contacto/. Gracias por el comentario.