
Virginia Sanz Santos
Maestra, psicopedagoga.
Especialista en alta capacidad intelectual.
Máster en crianza consciente.
Terapeuta.
MADRE.
La Orientación y su realidad
- Ratios elevadas
- Equipos de orentación desbordados
- Horas insuficientes para el diagnóstico con sus evaluaciones e informes
- Una tremenda desinformación de todo profesional que convive en un centro educativo, el escaso tiempo de tutorías en el horario,
- el currículo que aprieta para ser cumplido…
Lo anterior deja de lado a los alumnos y alumnas de altas capacidades intelectuales y, en general, a lo más importante del sistema educativo: el niño y la niña.

Los equipos de orientación siempre tienen algo más urgente que la evaluación y la atención a este colectivo, a no ser que haya algún caso obvio, ya con problemas, en tratamiento psicológico o terapia; o que se vea claramente que necesita ayuda en el ámbito escolar, en estas situaciones sí evalúan la posible alta capacidad intelectual del alumno, y llegado el caso han de dar una respuesta educativa coherente a las necesidades de este alumno, y más aún, el profesorado tiene que atender esta necesidad. Esto último se hace difícil si no se sabe absolutamente nada de lo que es un alumno con estas características.
La realidad es que los equipos de orientación no dan abasto. Esto es una realidad tan grande como la de las grandes ratios. Se les traspasó esta competencia de evaluación de las altas capacidades intelectuales y la verdad es que no hay horas suficientes para ello, ya que evaluar implica muchas otras cosas después de llevarla a cabo. En algunos centros piden a las familias que los evalúen fuera, en otros, cuando vienes con la evaluación realizada externamente tienen que hacerlo aun así en el centro para cerciorarse… y esto son meses y meses de espera de para la repuesta educativa adecuada a sus características. Lo que es en algunos casos insostenible para la economía familiar y para la propia integridad del alumno.
Por otra parte, es absolutamente desolador ver como se ofrecen programas los fines de semana cuando el niño y la niña pasan en el centro educativo, algunos, hasta 8 horas al día, otros incluso más. ¿No se podría dar respuesta a las necesidades de estos niños dentro de sus horas lectivas?
Es sorprendente como algunos centros privados ofrecen un plan específico para alumnos con altas capacidades intelectuales en sus aulas que consiste en realizar durante dos horas a la semana talleres con este colectivo o algunas actividades específicas, ocupándose de la tarea mental, académica o intelectual, dejando de lado todo lo demás que les engloba. No a todos les gusta lo mismo, no a todos les va bien salir del aula y separarse de su grupo, no todos quieren ir a hacer más talleres… aunque sí es cierto que estos centros tienen más información sobre las altas capacidades intelectuales y cómo son estos niños, y por tanto entiendo que, aunque con este tipo de actividades y talleres no estén recogidos todas las situaciones, es posible que sí encuentren comprensión y mirada algunos.

En definitiva, los centros educativos están hasta arriba y las familias agobiadas, agotadas y mareadas, por no hablar de los niños y las niñas, los cuales se encuentran a veces en tierra de nadie sabiéndose diferentes que el resto, van en una dirección a la que se les “obliga a ir” y con la cual no tienen absolutamente nada que ver.
Hace falta un cambio de mirada, una implicación seria y entendimiento inminente de estos niños en cualquiera de las etapas educativas (¿o será que no interesa?).
Formación del profesorado… o falta de ella
El profesorado, en su mayoría, no está formado acerca de lo que es un alumno con altas capacidades intelectuales: ni con talento simple, ni con talento complejo, ni superdotados; ni lo que implica un niño de estas características en el aula, ni en la sociedad.
Dentro del centro escolar se desconoce absolutamente el mundo de la alta capacidad intelectual dejando así un vacío inmenso y el eco del “hay otros que lo necesitan más” al descubierto. Para mí esta posición es la clara muestra fehaciente del desconocimiento absoluto y rotundo, es no saber de ninguna manera lo que implica una alta capacidad intelectual, es no saber ni llegar a imaginarse lo que es una mente que piensa, ve, siente y vive de manera diferente. Ni mejor ni peor, solo diferente.
«[…] es no saber ni llegar a imaginarse lo que es una mente que piensa, ve, siente y vive de manera diferente […]»
El día a día con las Altas Capacidades Intelectuales
Sigue existiendo mucho tópico en los centros escolares y en la sociedad en general. Podría citar de mi día a día en la práctica educativa muchísimos ejemplos de ello.
Poco podemos hacer en nuestra rutina diaria con los presupuestos, con las administraciones, con las ratios… pero con la información sí, la tenemos todos delante, hay muchísimo para leer, libros, cursos, conferencias, directos o videos, hay mucho donde informarse.
Esta desinformación hace que les robemos su autoestima y su ser esencial, los llevamos por caminos que no tienen sentido para ellos, forzándoles a no salirse de una línea: la escuela, que para ellos es una gota en un océano.
Bien es cierto, que el profesorado tiene muchas labores encima y no le sobra tiempo en absoluto, es por ello que, reflexionando sobre todo esto, veo necesaria una figura cualificada en los centros que entienda y comprenda este perfil, que pueda no solo detectar, sino acompañar a alumnos, profesores, orientadores y familias. Siempre he pensado que esta persona dedicada al colectivo con altas capacidades intelectuales haría de nexo entre todos los profesionales del centro y las familias. Esto repercutiría muy favorablemente en los niños y niñas con altas capacidades intelectuales. Independientemente, veo muy necesaria la formación de todo el profesorado, equipo de orientación y equipos directivos de todos los centros escolares e institutos.
Los maestros, la mayoría, estamos instaurados en lo que creemos comodidad, cuando no es así, es lucha constante. Intentar, porque es intentar, que todo el grupo de un aula atienda a las explicaciones o preste atención durante ocho horas seguidas al día, no es humano, no es natural… en cambio lo exigimos constantemente y castigamos sin moverse al que no lo hace o no puede hacerlo, porque sí, hay niños que no pueden hacerlo. Entra un profe, detrás viene otro con lo mismo, más explicaciones, y luego otro y luego otro y después…. otro; todo esto con tan solo media hora para despejarme, ir al baño, comer algo y jugar. (Sí después hay comida, algunos hacen extraescolares después de comer y nada más terminar continúan atendiendo)

Reflexionemos sobre la práctica educativa, reflexionemos sobre las repeticiones que alberga el currículo, los mismos contenidos una y otra vez, reflexionemos sobre la soledad e incomprensión del colectivo de alta capacidad, reflexionemos sobre los castigos al no movimiento y a la no expresión.
Imagen de Engin Akyurt
Moverme y hablar en la escuela no debe ser restringido, para algunos niños justamente estos modos de aprendizaje son vitales: Aprenden moviéndose, aprenden expresándose, hablando, tienen esa gran necesidad; y mientras atienden a no hacer lo que su cuerpo les pide, lo que su ser necesita, se pierden todo lo demás y también a ellos mismos.
Ya no es metodología, es humanizar la educación, tratar al ser como lo que es y cada ser es diferente y auténtico.
Ahora que se habla tanto de inclusión, lo que se les ofrece a estos niños con alta capacidad intelectual, es querer que formen parte de algo que no son. Y esto está bastante lejos de la inclusión.
¡Démosles voz!
Enlaces e información de interés:
Sobre ratios:
Real Decreto que la regula (artículo 16)
Interesante artículo de Sara Plaza Casares sobre el tema
Sobre normativas para flexibilización:
Real Decreto 943/2003 (Ministerio Educación)
Sobre informes psicopedagógicos:
Extracto de la Revista de educacion inclusiva nº1 de Noviembre de 2008
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